Línea de investigación

PODER, POLÍTICA Y SUJETOS COLECTIVOS

 

La línea de Poder, Política y Sujetos Colectivos se propone constituir un campo de investigación sobre el devenir del pensar crítico en América Latina y de las condiciones de posibilidad para la convergencia crítica en torno a las resistencias sociales; la construcción de territorialidades para la paz; las nuevas ciudadanías; las relaciones entre el poder, los conflictos, la vida cotidiana y las paces, así como la crítica del biopoder y los biosaberes.

La construcción conceptual y la perspectiva epistemológica de la línea buscan dar cabida a la multiplicidad y a la diferencia, que son los signos de la constitución de los modos de ser y de vivir que es donde se asienta la cuestión social contemporánea. Desde allí se asumen las principales preguntas referidas al abordaje crítico de la cuestión de la ciudadanía contemporánea que hace necesario un redimensionamiento de la concepción del poder, recuperando algunas de las reflexiones clásicas y sus reformulaciones dentro de la crítica a la modernidad, haciendo énfasis en uno de los campos académicos más complejos para el análisis actual: la relación entre ciudadanías, biopoder, vida cotidiana, paz y resistencia.

El mundo se encuentra en medio de transiciones profundas en las que se ha hecho evidente la importancia decisiva de los modos como la sociedad comprende la relación íntima con el conjunto del universo viviente y la urgencia de imaginar trayectos que creen condiciones de posibilidad para el pasaje de un modo de vida a otro. De ahí que se plantee la búsqueda de una nueva producción de las maneras de ser en sociedad, de los lenguajes y de los lugares del habitar. Cada vez es más claro que el tránsito hacia nuevas formas de existencia pone en juego la vida toda y no solamente la reducida potencia humana en contravía de la naturaleza.

 

Énfasis en territorialidades

El problema de la territorialidad implica la comprensión del espacio como construcción social e histórica, marcada por la movilidad de los grupos humanos y de otras especies en los territorios, por el despliegue del deseo colectivo manifiesto en procesos culturales y estéticos situados, así como por la conformación de las diversas formas de producción material e inmaterial. El lugar en el que se reside se erige entonces como enunciación vivencial del habitar, del morar, en esa relación singular que el ser humano establece con el espacio, con los otros y otras y con la biósfera. De ahí que la pregunta por la vida se despliega hacia interrogar los lugares donde ésta habita y que deberían estar en el núcleo de los territorios que ocupamos. El género humano, para vivir, construye social y culturalmente en su cotidianidad las dimensiones de espacio y tiempo, dimensiones en las cuales se reconoce a sí mismo y entra en relación con los otros(as) y con lo otro.

En el devenir social, hasta llegar a la hegemonía del modo de producción capitalista, lo otro, la naturaleza, aparece representado cartográficamente, territorializado. La consecuencia es la apropiación privada de la tierra rural y urbana, de la infraestructura, del agua y la biodiversidad. Y mientras esa lógica diagramática del poder se enseñorea, cada vez estamos más próximos al umbral superior de resistencia de la biósfera, que considerábamos a nuestra entera disposición.

Las territorialidades que emergen son lugares existenciales en donde se dan maneras múltiples de constitución subjetiva, social y cultural del espacio/ tiempo. Habitar esos lugares implica una acción política y social, así como de creación de dispositivos de subjetivación y emergencia de actitudes éticas que atañen al estatuto del cuerpo, al tránsito por espiritualidades profundas y a nuevas formas de ser ciudadano(a). Ese entramado se irá manifestando en la concreción de movimientos de producción de formas de vida, en formas específicas de relacionamiento con la naturaleza y de usos singulares de los recursos intelectuales e institucionales creados por la humanidad.

 

Énfasis en Nuevas ciudadanías.

La ciudadanía hoy se vuelve plural, adquiriendo nuevas connotaciones, comprendida de un lado como espacio político para el reencuentro de subjetividades diversas, lugar para la diferencia y la eclosión de singularidades y, a su vez, configurándose como sujeto colectivo cuyo dinamismo es al tiempo productivo y constitutivo.  El concepto se des-esencializa, deja de concebirse como mera prefiguración del sujeto moderno, para abrirse a la multiplicidad y a la pluralidad de formas de ser ciudadano(a).

Es ese dinamismo el que permite ese paso del poder centralizado a la potencia social múltiple de las periferias y el que hace que la constitución política ciudadana tenga como sustrato la conexión de singularidades, antes que la pretensión de configurar una comunidad ciudadana homogénea que sea espejo de los poderes de centro.  Lo anterior supone una especie de puesta en escena de la potencia social, poniendo fin a las certidumbres sobre el comportamiento de hombres y mujeres basado en normas universales, dislocando las fronteras rígidas de lo colectivo, los absolutos acerca de la comunidad de ciudadanos.  Y por supuesto se replantea el problema de la hegemonía y del contrato social como poder y voluntad de todos en reordenamiento cíclico y ya no como esa etérea y atemporal "voluntad general".  También eso da píe a pensar el restablecimiento de un pacto de la sociedad humana con la naturaleza, que en últimas es un pacto social y natural con la vida.

 

Énfasis en Resistencias

Se aborda aquí la construcción del poder y del agenciamiento social capaces de ejercer transformaciones profundas en los modos de existencia de individuos y comunidades. Ello implica no solo la crítica y confrontación a los poderes centrales dominantes, sino desatar procesos de ruptura con los modos de vida opresivos. Se trata de dar lugar a formas de existencia que recompongan la fuerza humana con la de la naturaleza y constituyan cuerpos individuales y colectivos más potentes. La resistencia más que oposición es afirmación, es creación de líneas de fuga que agencian el deseo de cambios en las vidas de los sujetos, que ponen en juego procesos de subjetivación en torno a apuestas vitales y que inventan nuevas formas del poder y de la política alrededor de una democracia plebeya que conecte las diferencias y subordine la representación política y el poder de los representantes.

Esto está en relación con el compromiso ético de los actores políticos ciudadanos para superar el antropocentrismo y destituir el patriarcado que son dos de los soportes de la guerra. A ello se resiste con el fortalecimiento de lazos afectivos y solidarios en el contorno flexible de nuevas formas de organización social, movilizadas de maneras alternativas para ejercer sus derechos y para abrir posibilidades de formas emergentes de existencia.

Los problemas de investigación alrededor de este problema visibilizan sujetos colectivos que ponen en marcha unas ciudadanías que trascienden los esquemas formales definidos por el Estado, con acciones sociales que demuestran ser bastante efectivas y traaspasan la reivindicación de sus derechos políticos y sociales. Se trata de responder a inquietudes referidas por ejemplo a cómo la construcción de la paz, o la reconstrucción del tejido social, se abren paso en medio de un contexto deshumanizador, patrocinado por poderes hegemónicos ligados al intercambio y al consumo, con base a la reafirmación de singularidades (personal, social, cultural), que despliegan valores como la solidaridad y el respeto a la diferencia para la afirmación de la vida.

 

Énfasis en Paz como Transformación Cultural.

La línea de poder, política y sujetos colectivos asume la cuestión de la paz más allá del horizonte de la resolución de los conflictos o la de las negociaciones entre actores armados, para ubicarse en el escenario de la cultura, en la urgencia de identificar los imaginarios de paz y violencia que mueven lo más profundo del espíritu latinoamericano y colombiano, y de deslegitimarlos desde prácticas y concepciones que reivindiquen la afirmación de la vida y la recomposición del tejido social. Se trata de contribuir a la construcción de un paradigma de acción dotado de un fuerte contenido ético y que por ende se configura desde las prácticas a nivel social, político, educativo, cultural e incluso espiritual, la indagación sobre la noviolencia en relación con las transformaciones culturales, la deconstrucción-reconstrucción de lo político y la política, los procesos de construcción de memoria social y de reconciliación,  las relaciones de género, los derechos humanos como herramientas de paz, las prácticas pedagógicas en clave de noviolencia, entre otros, son algunos de los problemas de investigación que este énfasis de la línea convoca.

 

Énfasis en Biopolítica.

Este énfasis interroga sobre la relación entre el poder y la vida, esto es el problema biopolítico, que atañe al poder que pretende instaurarse como dominación sobre todas las formas de vida, pero en donde también existe un espacio para las resistencias a partir de la potenciación de las fuerzas de la vida. Allí se reedita la compleja y conflictiva relación entre el poder de los gobiernos instituidos y su propensión a la gestión de los procesos vitales de las poblaciones y las fronteras difusas por donde surgen los poderes emergentes. El bio-poder se presenta como un conjunto de estrategias de saber y relaciones de poder sobre lo viviente.

En esa dirección, los saberes bio generan biopoderes, dando origen a problemas relacionados con la producción de vida como captura y, también, con la captura de la vida como gestión de muerte. El poder se erige entonces como capacidad para focalizar la vida como objeto administrable, desarrollando dispositivos de disciplina sobre los cuerpos y gestión de las poblaciones. Esto aaporta a la discusión que se ha abierto en el DES sobre cómo se da el tránsito hacia un pensamiento post-humanista y si en estos espacios se incuban las formas de una política y una ética de lo post-humano.

 

Énfasis en vida cotidiana, territorio y política.

El mundo de la vida cotidiana es el contexto vital, polimórfico, dinámico, complejo e histórico del que emergen y al que retornan las mediaciones intelectuales de las ciencias y estudios sociales y humanos. Este espacio hace visible el papel constitutivo de la vida cotidiana en la organización social, política y en sus potencialidades éticas y estéticas.

Puesto que este mundo ha sido reiteradamente denigrado o considerado como banal, este espacio académico pretende descubrir la discreta potencia, la oculta centralidad, el poder imaginativo y creativo, así como las estrategias y tácticas de resistencia propias del mundo de la vida cotidiana.

La comprensión de la cotidianidad busca aportar a la configuración de un común sentir y vivir, a la configuración del poder propio de la cooperación humana en la constitución histórica de la comunidad como fundamento ideal de la sociedad, y de la legitimación que esta comunidad alcance. Busca, además, apropiarse críticamente de las teorías de la cotidianidad, de sus métodos peculiares, y de los discursos que se hacen de la cotidianidad en relación con las ciencias sociales y humanas, y con el agenciamiento político de las mismas en sus territorialidades concretas.